Amistades de papel
Hace ya tiempo que cuestiono mis amistades, no por que lo representan, pues todos queremos tener amigos, sino por sus actitudes y compromisos hacia mí.
Así pues, decidí saber quién es quién en ese mundo y durante una corta temporada me disolví para el mundo, corté teléfono, Messenger y todos los canales de comunicación. Dejé solo una manera de saber de mí. Mi casa.
Y lo hice por estar harto de saber escuchar, de solo recibir llamadas de auxilio destinadas a pedir ánimos y a escuchar con calma y atención a los problemas de los demás. Sí, entre mis pocas virtudes está la de saber escuchar y entender a los demás, sin que estos reciban de mí reproches, en cierto modo debe ser una especie de terapia para ellos.
Pero se colmó el vaso, pues en estos días son tres “amigos” los que me acuchillan a llamadas con sus problemas de pareja, curioso es saber que solo llaman cuando los problemas les abruman, no recuerdo sus llamadas para las fiestas, y eso debo reconocer que me quema.
De ellos se sus intimidades, sus problemas, incluso he podido oir palabras que solo a mí estaban destinadas y al margen de que crean cierta responsabilidad, solo escucho problemas.
Jamás preguntan si yo los tengo, pero oigo frases como esta - ¿Cómo es posible que teniendo cientos de amigos esté solo? -Son gente de la farándula, de amistad fácil por lo que se ve. Y al final me llaman, me consultan, jamás aconsejo, tan solo opino sobre lo que les pasa, me escuchan y vuelven a llamar.
La última ya fue el colmo, los tres amigos entre sí me llamaron a la una de la mañana, salí los ví y los escuché entre copa y copa hasta las 6 de la mañana, fue agotador, entre otra cosas porque la ginebra con toda seguridad era puro botellón. Lo que saqué en claro al mediodía siguiente fue una resaca de campeonato, como dicen los castizos, los pies frios y la cabeza caliente. Y de esta última historia vienen estas ganas de desaparecer una temporada, lo necesito, necesito saber quien está dispuesto a verme para saber de mí. Ya no basta una llamada perdida o un mensaje, quiero más, quiero presencia de cuerpos, que me escuchen, pues hoy en día nadie tiene tiempo para escuchar problemas ajenos.
Aislamiento voluntario por una buena razón, se que lo pasaré mal cuando al final de ese alejamiento sepa quién es quién y como tratar a cada uno según lo que da. Pero me niego a estar pendiente del teléfono.
Imagino que serán muchos los afectados por parecidas cuestiones, pero insisto es necesario escribir un Quién es Quién en mi vida.
C.B 30 nov. 08




padron-duenas dijo
Me ha gustado como describes esa relación casi parásitica-emocional que sucede con algunas amistades. Que si les va bien no existes y cuando la rueda de la realidad los aplasta te buscan. Pero bueno, en mi caso yo prefiero ser el padre confesor o consejero que el que acude en desesperacion. Escuchando tantos malos rollos de la vida he comprendido que cualquier cosa que me puede agobiar no es nada en comparacion a los problemas de algunos. Un aliciente? No se, pero prefiero mi papel.
Lo que describes es un reality check... que a veces nos asusta.
Saludos
30 Noviembre 2008 | 03:10 PM