Hay días que no merecen ser vividos, ya sea porque la realidad se impone a nuestros sueños o simplemente porque su peso nos aplasta.
Si Maxi, nos sorprendiste a todos a pesar de que tú destino ya estaba escrito hacía tiempo.
Quedas en nuestro recuerdo, tú y tus innumerables anécdotas del pueblo, como las mil veces repetida de Mateillo, tipo interesante que vivió por allá. Las inmumerables horas que pasaste con tus nietos enseñandoles a diferenciar los pocos pájaros que todavía quedan en nuestras ciudades. Sin duda no estarás solo, inmejorable compañía que para mi tuviera, la que anhelo desde el mismo día de su despedida. El, mayor que tú en estas nuevas tierras te guiará como tu lo hicistes en sus primeros años.
Y solo tengo la arena entre mis dedos, arena en que nuestro lazo se convirtió.
De mi mente ya cansada por engaños escapaste, dejando solo semillas de tu recuerdo, y estas se marchitaron aun antes de germinar.
No acierto a comprender como me dicen que todavía me amas, pues en la vida los olvidos no suelen durar, y el mio, mi olvido, tardo mucho en cicatrizar, tanto que aun hoy noto en mi piel su dureza con la que me marcó. No se, siempre me recordaste a los cuentos de Carver, con ese minimalismo y realismo sucio del que me impregnaste. Cariño de hielo con toques de real sentimiento hacia mi. Mas que amado me sentí atrapado en ti.
Era demasiado para mí, pues mi anhelo era desertar de ti, abrazar el descanso que me negaste. Buscar refugio en aquellos lugares de mi mente a los que solo los elegidos pueden ir.
Pues mi mundo se empequeñecía junto a ti, y ya cuando el colapso era inminente huiste, dejando atrás la total devastación de mi ya colapsado mundo. Y hoy ¿ dices que me amas?
Es cierto que me tienta recibir mensajes desde el pasado, timbrados seguro, en oscuras Oficinas que finalmente encontraron su destino. No fue una cruel infamia del tiempo, de la fatalidad, tan solo una misiva dicha por alguien que vivió en otro tiempo y que abandonó mi vida en el primer cruce de caminos.
Sería baldio por mi parte explicarle que con el tiempo, nuestra vida cambia, y que hasta los nombres mudan. Y como ya dijo el poeta mi nombre es mi ser y no soy sino mi nombre.
No es aventurado pensar en que las cosas con el paso del tiempo cambian y me doy perfecta cuenta que esto nos afecta a todos.
Antes, nos decían, había que permanecer fieles a los valores que con paciencia y algo de mano dura nos habían inculcado nuestros mayores. Fidelidad a los credos, a la palabra dada, a los amigos y amores, incluso a los equivocados.
Decían que había que permanecer a pesar de las tentaciones y obstáculos, hasta el final. No extraviarse por los caminos fáciles que la vida nos presenta a menudo demasiadas veces, no caer en las trampas de la vida, aquellas en las que muchos se quedan atrapados, y son ellos a los que condenamos y compadecemos por igual.
Pero hoy hemos cambiado, y somos maestros en el arte de traicionar y reinventarse tantas veces como fuera necesario, sabedores de que la infidelidad es la gran deslealtad, pues es cierto que no hay verdad que al tiempo no esclavice ni divorcie del espíritu de quien que la creó.
Solo una regla, al parecer inmutable permanece, y es la de vigilar con total atención el momento de la herejía, pues ocurre a veces, que la persona amada nos ve marchar hacia los brazos de quien hoy es todavía su enemigo.
Y con los ojos húmedos por el llanto nos ven abrazar a lo que antes jurábamos combatir, beber de la copa del cinismo, ocultar nuestra brújula,virar nuestra nave hacia costas extrañas.
Y es entonces cuando el día del divorcio y la pena aparecen, nacimiento de silencios y juicios entre dos, pues nadie soporta los cambios bruscos en su vida, somos animales de costumbres, nos cuesta no conocer al compañero amado, verle mudar incluso de planeta. Justo allí donde irá a parar si el miedo y la soledad no se lo impiden.
Su frente se partió, tal fue el golpe que recibió y aun sin haber caído al suelo, el mercenario le asestó una última puñalada que le reventó el corazón. Así fueron sus últimos minutos, la pobre ni se enteró.
Se llamaba Marta, chusca mujer de generosas proporciones y un mas grande corazón. Su oficio, "alegradora de la vida" según ella; vivaracha, siempre alegre a pesar de sus precariedades.
Nunca nadie la oyó quejarse de nada, sempiterna sonrisa en su boca pintada de rojo intenso, como la sangre que el mercenario le arrebató.
Maldito él y el que lo contrató, todo por celos.
-A esa no se la folla nadie que no sea yo- Había comentado días antes el gañan que su vida segó, por medio de otro naturalmente.
Como buen cobarde había asistido a su entierro con lágrimas en los ojos, llorando su desgracia, en primera fila, maldiciendo al que le había arrebatado a su Marta, valiente hijo de puta pensé.
La conocí de mucho mas joven, cuando su destino ni siquiera estaba escrito, luego por azares de la vida, se dedicó a alegrar la vida al prójimo, lástima que en ese reparto de alegría no le tocase nada a ella.
Era una real hembra, guapa hasta el insulto, "echá palante" como pocas, jamás se arredró ante nada, quizás convencida de que no tenía enemigos, al menos hasta que conoció al Merca. Este se enamoró de ella casi al primer vistazo y confirmó su enamoramiento tras el paso por su cama.
Un tipo taciturno y gris que transportaba frutas a los mercados, conocido del barrio por su carácter inestable. Pero fue ese día cuando contó su aventura a los cuatro vientos. Con verborrea inusual contó a todo el que quiso oir su conquista dineraria.
Se ufanaba de lo bien que había estado con la moza y de cómo ella gemía de placer aplastada por su carne fofa y su mal aliento, jamás entendió que era su trabajo. Quiso repetir en numerosas ocasiones, pero Marta, con esa psicología urbana adquirida en el catre se olió que aquello no terminaría bien y le fue distanciando cada vez más sus encuentros. Hasta que loco de celos y venganza planeó su fin.
Se hizo amigo de tipos que poco tenían que perder y que por unos cientos de euros harían casi cualquier cosa y muy pronto la suerte estuvo echada.
Como no podía ser de otra manera la Policía no tardó en dar con él, tras detenerlo en el interrogatorio lloró como lo que era, un cobarde.
Se desmoronó y cantó todo lo que le preguntaron sin apenas presión de los interrogadores, tal era el pánico que tenía, él, el tipo duro que hacía gemir a las mujeres lloraba ahora desvalido mendigando alguna cara de aprobación por parte de la Policía.
-Era una puta, era una puta, repetía- de pronto Julián el Inspector , recién graduado y poco conocedor del alma humana, ya no pudo más y le soltó tal hostia que varios dientes salieron del Merca en dirección desconocida. Esto le costó a Julián una sanción y aunque fue tramitada sin ganas tuvo su efecto. De todas formas nunca le vi muy arrepentido por ello, es más lucía con orgullo la escayola, se había roto el escafoides así que se mantuvo de baja un mes y medio que empleó en encontrar a la familia de Marta y comunicarles que su hija había muerto.
La prensa se despachó con "Una víctima más de la violencia de género" en el texto posterior se hacían referencias a que su pareja la había matado por ponerle los cuernos.
Joer que talento, estos tios se despacharon a gusto sin hacer ni una pregunta a nadie.
Desde los Observatorios de Malostratos, se hicieron las habituales charlas y sesudos exhortos, digo yo que había que ganarse la subvención del año siguiente. Pero la pasta del entierro la pusimos los amigos, nadie fue a socorrerla en su último viaje.
Dear Mr. President Come take a walk with me Let's pretend we're just two people and You're not better than me I'd like to ask you some questions if we can speak honestly
What do you feel when you see all the homeless on the street Who do you pray for at night before you go to sleep What do you feel when you look in the mirror Are you proud
How do you sleep while the rest of us cry How do you dream when a mother has no chance to say goodbye How do you walk with your head held high Can you even look me in the eye And tell me why
Dear Mr. President Were you a lonely boy Are you a lonely boy Are you a lonely boy How can you say No child is left behind We're not dumb and we're not blind They're all sitting in your cells While you pay the road to hell
What kind of father would take his own daughter's rights away And what kind of father might hate his own daughter if she were gay I can only imagine what the first lady has to say You've come a long way from whiskey and cocaine
How do you sleep while the rest of us cry How do you dream when a mother has no chance to say goodbye How do you walk with your head held high Can you even look me in the eye
Let me tell you bout hard work Minimum wage with a baby on the way Let me tell you bout hard work Rebuilding your house after the bombs took them away Let me tell you bout hard work Building a bed out of a cardboard box Let me tell you bout hard work Hard work Hard work You don't know nothing bout hard work Hard work Hard work Oh
How do you sleep at night How do you walk with your head held high Dear Mr. President You'd never take a walk with me.
Deja que sienta tu calor, volcán que aveces tengo y otras no. Hoy no es sólo un día más, ni tampoco un día menos que contar.
Es un sueño que me hace sudar, recostado entre tus brazos hasta despertar. Cambiémos de lugar, hoy una casa aquí mañana más allá. Ajenos a la vencidad, pareja de rebeldes en cautividad.
Tregua para la pasión, tregua para compartir dolor, tergua para la razón, y yo... te espero. Y yo.. te espero. Te espero porque volverás, tal vez me de la vuelta un día y estés tu detrás. Te espero porque se quedó, en el tintero la promesa de un mundo mejor.
Y yo... te espero. Y yo... te espero. Te espero porque volverás, Te espero porque se quedó, en el tintero la promesa de un mundo mejor.Y yo...yo te espero. Te espero porque se quedó en el tintero la promesa de un mundo mejor. Te espero porque volverás, te espero porque se quedó en el tintero la promesa en el tintero la promesa de un mundo mejor.
Un día me haré viejo, seré insoportable, me liberaré al fin de todas las alianzas, aquellas que hoy atenazan mi vida, liberaré palabras que tan largo tiempo han permanecido en mi limbo. Es ese un lugar al que destierro de vez en cuando actitudes y palabras que hoy no puedo pronunciar sin cierto escándalo para los demás. No seré entonces un anciano al uso, no mendigaré afectos ni visitas ni llamadas obligadas por la pena. Me quedaré por tanto con mis incondicionales a los que gané a fuerza de cariño y de un poco de cinismo, no debo negarlo.
Me quedaré quizás, con todo lo que he dejado de lado por tanto tiempo, libros, viajes, historias inconclusas, amores perdidos ... no se, algo se me olvida pero ya no tiene importancia.
Quedará como capricho del inevitable destino la que hoy aprisiona mi corazón que ganó segundo a segundo, con calma, con paciencia, pues es de justicia decir que soy un tanto raro y complicado, no apto para todos. Pero de ese lugar conquistado jamás podre expulsarla.
Sentada en las escaleras que daban acceso a su casa, la cara inclinada hacia sus pies, con sus manos sujetándose el rostro, así la vi. Una guitarra a su derecha y una botella de algún licor a su izquierda. Sus cabellos cubrían su cara, parecía agotada.
Yo me quedé sin saber que hacer, solo, parado, con la timidez que te da estar frente a una mujer hermosa, desarmado, totalmente inválido frente a ella.
La noche caía y el frio amenazaba hasta con congelarme el alma sino me movía de allí.
Tomando el valor suficiente me acerqué a ella y en voz baja, casi un susurro, pregunté - Estás bien?- Levantó su cabeza y por primera vez pude ver su rostro y en él sus ojos marrones, tristes pero de mirada profunda, un poco aturdidos por el momento.
-Te vas a quedar helada si sigues más tiempo sentada. ¿Te acerco a algún sitio?-
-Vivo aquí, respondió casi sin interés- Pues entonces sube a tu casa, hace frio y apenas estás abrigada. Ella contestó -Sube conmigo y luego te vas, no me encuentro muy bien-
La tomé de la mano para ayudarla a levantarse, cogí su guitarra y dejé allí abandonada la botella.
Tercer piso sin ascensor, apenas sin ganas por parte de ella, no colaboraba y yo ya no hacia más que dar golpes con la guitarra contra la pared cada vez que ella se abandonaba en mí, maldita y estrecha escalera, creí que no llegaría nunca al dichoso tercer piso.
-Busca las llaves en mi bolso-
Al poco pude abrir la puerta no sin cierto recelo, pues temía que dentro hubiera algún novio o padre que al ver el estado de su niña quisiera zurrarme de lo lindo, así que respirando hondo abrí del todo la puerta y encendí la luz. No era un piso grande y pronto pude encontrar un único dormitorio donde la deposité con todo cuidado. Se dejo hacer y no opuso resistencia alguna, le quité las botas y de momento la tapé con mi abrigo.
-Te voy a preparar algo caliente, ¡espera!- Dirigiéndome a la cocina rebusqué por si hubiera algún tipo de infusión que pudiera preparar y por fortuna era adicta a te rojo. Herví agua y en unos minutos estuvo preparada la infusión, mientras se enfriaba un poco me senté en la silla de la cocina y comencé a preguntarme que seguía haciendo yo en esa casa. Soplé con fuerza para hacer más breve el tiempo de estancia en la casa y ya cuando ya tuvo la temperatura adecuada se la llevé a su habitación. Se había incorporado y se hallaba recostada en el cabezal de la cama. Ni siquiera se inquieto cuando entré y pregunté - ¿Te encuentras mejor? Tómate esta infusión.
Sin un ápice de voluntad por su parte comenzó a beber lentamente. En un par de tragos largos acabó el té. - Bien, le dije -me tengo que ir, ya estás mejor y se me hace tarde-
-No te vayas por favor, quédate un rato más- No puedo, lo siento, me esperan hace ya tiempo.
-Por favor, solo un rato y luego te vas-
Si te encuentras peor puedo llamar a algún médico para que te vea.
-No, no solo necesito reponer fuerzas y descansar un rato, comer algo y nada más... bueno quizá algo de compañía- Gracias por haberme acompañado hasta aquí, estaba agotada y apenas podía dar un paso más.-
La verdad es que me costó decidirme un poco y reconozco que la mayor motivación que tuve fue la de que no te murieras de frio allí. Así que de héroe nada, más bien cobardía.
-¿Cómo te llamas?- Me llamo César ¿y tú?- Yo soy quien tú quieras que sea, cada noche cambio mi nombre, eso no es importante.-
Me chocó esa respuesta, y me intrigó saber más de ella, así que decidido a saber más le propuse hacer algo caliente para cenar y tras la cena me iría tan ricamente.
Aceptó con gusto y tras mirar en su frigorífico no me quedó más remedio que preguntarle si tenía algo por casa. -No, he estado fuera unos días y no tengo nada- Habrá que salir a comprar no? - Llévate las llaves, saliendo a le derecha a unos cien metros hay un 24 horas-
Salí con prisa pensando que haría para cenar, algo sencillo y rápido. La cena transcurrió en silencio, de esos silencios que se notan pesados, alternados con cruces de miradas mantenidas una eternidad. Curiosamente no había incomodidad por esa situación, ya tras la cena "ella" la del oculto nombre se acurrucó en el sofá y me invitó a sentarme a su lado y colocándome sus piernas encima recostó su cabeza y cerró los ojos. Pasado un buen rato levanté sus piernas me levanté y busque lápiz y papel para dejar una nota, tenía que irme.
Escribí la nota adjuntando mi teléfono y con un ¡LLÁMAME! Abandoné la casa con la esperanza de que me llamaría pasados unos días, pero no ha sido así, quizá ni recuerde que estuve allí.
No me atrevo a volver a su casa y no me queda más que esperar....